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martes, 5 de mayo de 2015

Mario Soffici

Mario Soffici (Florencia 14 de mayo de 1900 - Buenos Aires 10 de mayo de 1977) fue un director, actor y guionista de cine radicado en la Argentina.
Nace en Florencia, pero a poco su familia se radica en la Argentina. Cuando Mario tiene nueve años se instalan en Mendoza. Su padre era joyero en el Ponte Vecchio de Florencia, pero en Mendoza tuvo que trabajar en los viñedos. Desde temprana edad jugaba a hacer teatro con títeres. En la escuela su acento italiano era burlado por sus compañeros (en la casa se hablaba italiano), y lo llamaban el rusito judío. Esto le provocó una aversión a la escuela, y le pidió a su padre que lo hiciera trabajar para no estudiar más. Así conoció la calle, pasando por diversos trabajos: vendedor de diarios, cadete de una imprenta, entre otros.
Entre los 14 y 17 años vuelve a gustar del teatro, por lo que hacía juegos de prestidigitación e ilusionismo en la calle. Ya a los 18 años pasa de actuar a dirigir a sus amigos. En 1920 viaja por primera vez a Buenos Aires, en donde fracasa, se da cuenta de su incultura, y vuelve a Mendoza. Allí debe trabajar trasladando vino en camiones, pero al poco tiempo se lo contrata nuevamente como actor. Viaja por segunda vez a la capital, pero enferma y no puede trabajar. Su situación es límite: pasa hambre y duerme en las plazas. No le queda otra que volver a Mendoza.
Fue un célebre director y actor de cine y teatro en su pais.
Como director
Noche federal (1932)
El alma del bandoneón (1935)
La barra mendocina (1935)
Puerto Nuevo (1936)
Cadetes de San Martín (1937)
Viento Norte (1937)
Kilómetro 111 (1938)
El viejo doctor (1939)
Prisioneros de la tierra (1939)
Héroes sin fama (1940)
Cita en la frontera (1940)
Yo quiero morir contigo (1941)
El camino de las llamas (1942)
Vacaciones en el otro mundo (1942)
Cuando la primavera se equivoca (1942)
Tres hombres del río (1943)
Despertar a la vida (1945)
La cabalgata del circo (1945)
Besos perdidos (1945)
La pródiga (1945)
Celos (1946)
El pecado de Julia (1947)
La gata (1947)
La Secta del trébol (1948)
Tierra del Fuego (1948)
La barca sin pescador (1950)
El extraño caso del hombre y la bestia (1951)
La indeseable (1951)
Pasó en mi barrio (1951)
Ellos nos hicieron así (1953)
Una ventana a la vida (1953)
La dama del mar (1954)
Mujeres casadas (1954)
Barrio gris (1954)
El hombre que debía una muerte (1955)
El curandero (1955)
Oro bajo (1956)
Rosaura a las 10 (1958)
Isla brava (1958)
Chafalonías (1960)
Propiedad (1962)

Como guionista
El alma del bandoneón (1935)
La barra mendocina (1935)
Viento Norte (1937)
Con las alas rotas (1938)
La cabalgata del circo (1945)
Una ventana a la vida (1953)
La dama del mar (1954)
Barrio gris (1954)
Oro bajo (1956)
Rosaura a las 10 (1958)
Isla brava (1958)
Los acusados (1960)
Propiedad (1962)

Como actor
Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976) .... Martín
Un elefante color ilusión (1970)
Maternidad sin hombres (1968)
Una excursión a los indios ranqueles (1963)
Propiedad (1962)
Esta tierra es mía (1961) .... Anselmi
Los acusados (1960)
Rosaura a las 10 (1958)
Isla brava (1958)
Oro bajo (1956)
El curandero (1955)
Barrio gris (1954) .... don Gervasio
Una ventana a la vida (1953)
El extraño caso del hombre y la bestia (1951)
Tierra del Fuego (1948)
Calles de Buenos Aires (1934)
El linyera (1933)
Muñequitas porteñas (1931) .... Don Antonio

miércoles, 25 de febrero de 2015

48 años sin Pepe Arias

Es muy probable que la nueva generación de argentinos no lo conozca o tenga bastante desdibujada su personalidad, sólo evocada en nostálgicos ciclos de la televisión por cable o el Museo del Cine.
Pero viendo la importancia de José Pablo Arias,que por medio siglo despertó la sonrisa y la reflexión de millares de espectadores, como excelente actor y a la vez como un agudo observador de la realidad social y política que lo rodeó, es seguro que muchos extrañen su presencia y sus satíricos monólogos en el contexto actual Porque vale como ejemplo echar una mirada retrospectiva hacia la cartelera del teatro Sarmiento,uno de los puntales de la revista criolla en 1932,para darse cuenta de lo relevante de su figura, en un marco que no difiere mayormente al de los tiempos que corren, a juzgar por los títulos estrenados por la compañía Argentina de Grandes Revistas, dirigida por Manuel Romero:"Adelante con los impuestos"; "Mejor están en Shangai"; "Gran remate nacional"; "¿Volverán las oscuras golondrinas?" y, como cierre, "Con Pepe Arias no hay más crisis".
Seguramente las penurias del momento eran muchas y así lo reflejaban los cuadros puestos en escena, como el que mostraba a un Pepe desocupado consiguiendo un empleo de hombre-sandwich, con publicidad en sus carteles, perseguido por varias personas que querían deglutírselo en plena calle.
Pero lo que es seguro por lo menos por unas horas, que su humor catártico libraba de las pálidas cotidianas, a sus "queridos filipipones", como solía denominar a sus fieles seguidores de la platea.
Nacido frente al ex Mercado de Abasto, el 16 de enero de l900, se formó al lado de nombres fundacionales del teatro nacional, como Luis Arata y Enrique De Rosas, manejando a la perfección todos los recursos inherentes al sainete y al grotesco con un rostro extremadamente maquillado.
Conoció la gloria de obtener el Premio Municipal como mejor actor dramático por su actuación en "Ovidio",de Laurent Doillet,en el prestigioso Teatro Odeón,en 1942 y también un pasajero fracaso con "Jerónimo y su almohada", la obra de Enrique Larreta que no marchó con su estilo.
Fue pionero del cine sonoro y filmó 24 películas, incluyendo las brillantes "Kilómetro 111"(1938), de Mario Soffici y "Fantasmas en Buenos Aires"(1943), de Enrique Santos Discépolo, hasta la póstuma "La señora del intendente"(1967), de Armando Bó, donde lució desganado al lado de Isabel Sarli.
En radio triunfó con personajes hechos a su medida como Don Vistobueno Ciruela,el maestro de una escuelita radial donde surgió como discípulo en la ficción Tato Bores, posteriormente gran monoloquista político como su mentor, pero con un discurso vertiginoso, antagónico al pausado y casi cansino de Pepe.
Alejado de la televisión, a la que consideró "una hoguera espantosa que quema con la rapidez del rayo", fue astro indiscutido de las revistas del Maipo y El Nacional por largos períodos y fue prohibido entre 1952 y 1955, por la Subsecretaría de Prensa y Difusión del gobierno peronista, cuando no se lo veía con buenos ojos.
Poco tiempo después, Pepe descubrió Pinamar y fue un amor a primera vista. Allí pasó parte de sus últimos años, en paz y quietud, junto a su compañera Petra, en su casa de la calle Burriquetas.
Aunque no se hubiera imaginado que su paraíso costero se convertiría en el sitio trágico de muerte y espanto del presente, con su vasto conocimiento del tema y su particular sensibilidad, le llegó a comentar amargamente a Petra que "Se vienen tiempos muy duros y tristes en la Argentina. Suerte que yo no voy a estar vivo para presenciarlos...".
En verdad, toda una premonición.
DE SU PUÑO Y LETRA
"Desde 1920 vengo haciendo revistas y nunca tuve grande problemas. La broma política es uno de los elemento fundamentales de la revista porteña.
Los autores dan la línea del asunto y uno rellena esas líneas. La política es un juego para caballeros. El público lo entendió siempre así, en lo gobiernos de Yrigoyen, Alvear, Uriburu, Justo, Ortiz y Castillo.
Salvo un período donde las sátiras desaparecieron de los escenarios revisteriles, no pasó nada. Aquellos gobernantes y dirigentes políticos sabían reír. Sabían que el humor convertía a la política en un juego y lo despojaban de la solemnidad y de la seriedad, que siempre son peligrosas Porque la política es juego de caballeros, y quienes no son caballeros no pueden actuar en política".(1956)
"El monólogo tiene una clave: es una especie de reportaje político; yo leo los titulares de los diarios y cuento las noticias en el escenario agregándole un comentario jocoso. Pero siempre hay que actualizar la información: un chiste político del jueves no hace reír el viernes".(1963) 

martes, 18 de diciembre de 2012

Olga Zubarry: una de las grandes estrellas del cine argentino


falleció ayer, a los 83 años, transitó durante más de cinco décadas por la pantalla nacional a través de personajes cómicos y dramáticos a los que supo imponerles su carisma y un talento que la convirtieron en una de las figuras más representativas del cine artentino.
Había nacido en el barrio porteño de Parque de los Patricios el 30 de octubre de 1929 como Olga Zubarriaín, aunque sus amigos la llamaban "la Vasca". Admiradora fiel del equipo de Huracán solía decir que "mi destino está en el arte". Debido a la gran admiración que sentía por María Duval, por intermedio de Juan Carlos Thorry se presentó en los estudios Lumiton y fue elegida para animar una escena en el film 16 años. Su belleza y su desenvoltura le abrieron las puertas de la pantalla grande y así intervino en Safo, La pequeña señora de Pérez, Las seis suegras de Barba Azul, No salgas esta noche y Adán y la serpiente, comedias en la que demostró su facilidad para encarnar a esa pícara enredada en divertidas aventuras. "En aquellos tiempos -recordaba- supe que mi auténtica vocación estaba en la pantalla grande, y poco a poco fui escalando posiciones frente a las cámaras."
En 1946 su nombre llegó a la cumbre de la popularidad al ser convocada por Carlos Hugo Christensen para protagonizar El ángel desnudo, en la que aparecía con su espalda desnuda y que se convirtió en un notable éxito de público. Ella fue, además, consagrada como la revelación femenina de ese año. "Ésa fue mi plataforma al éxito -dijo- a pesar de intervenir en un papel que, al principio, me negaba a interpretar." La década del 40 concluyó con tres grandes sucesos: la audaz Los pulpos, el excelente policial La muerte camina en la lluvia y Yo no elegí mi vida, donde formó pareja con Arturo de Córdova. Posteriormente viajó a Venezuela para realizar Yo quiero una mujer así, fallido intento dirigido por Juan Carlos Thorry.
Los años 50 fueron la etapa más pródiga de su carrera; prácticamente todos sus trabajos son dignos de destacar, aún su breve pero antológica intervención en El extraño caso del hombre y la bestia, de Mario Soffici. Entre sus mejores films merecen citarse Abuso de confianza, Concierto para una lágrima y La simuladora, y tres títulos por los que recibió premios como mejor actriz: Ellos nos hicieron así, El vampiro negro y Marianela. Brilló también en comedias como El honorable inquilino, Valentina y ¡Qué hermanita!
Hacia finales de esa década realizó dos coproducciones con Paraguay de regular logro: la inédita En la vía y La sangre y la semilla y participó, además, en El candidato, de Fernando Ayala. Su magistral intervención en Hijo de hombre, de Lucas Demare, fue premiada en el Festival de Sebastián en 1961 y con este mismo director realizó Los guerrilleros. Reclamada por los productores españoles protagonizó allí una remake de A sangre fría, que se tituló A hierro muere, acompañada por Alberto de Mendoza. Otro trabajo muy importante en su carrera es Invasión, de Hugo Santiago, algunas de cuyas secuencias son utilizadas para enseñar cine en universidades de los Estados Unidos.
A partir de fines de los 60 los papeles que desempeñó no estuvieron siempre a la altura de su talento, con excepción de Crecer de golpe, Desde el abismo, Los pasajeros del jardín y Contar hasta diez. Trabajó también intensamente en televisión , pero nunca hizo teatro.
Casada con el abogado Juan Carlos Garate, con quien tuvo dos hijas, Mariana y Valeria, su trayectoria artística fue mermando, ya que en los últimos años sólo participó en algunos cortometrajes de nuevos realizadores y en el largo Plaza de almas, de Fernando Díaz, que le valió el premio a la mejor actriz otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.
Sus restos serán cremados  en el Cementerio de la Chacarita.